Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante que el que viví hasta ahora.
Me siento como aquella jóven que ganó una caja de dátiles; los primeros los comía con displicencia pero cuando percibió que quedaban pocos, comenzó a roer hasta el carozo.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades. No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados. No tolero a maniobreros y ventajeros. Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los mas capaces para apropiarse de sus lugares, talentos y logros. Ya no tengo tiempo para proyectos megalomaníacos. No participaré de conferencias que establecen plazos fijos para erradicar la miseria del mundo. No quiero que me inviten a eventos de un fin de semana donde se pretende solucionar los problemas del milenio. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Mi alma tiene prisa. Sin muchos dátiles en la caja, quiero vivir al lado de gente humana, muy humana; que sepa reír de sus errores, que no huya de sus responsabilidades, que defienda la dignidad de los marginados y que desee tan sólo andar al lado de Dios. Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena. Quiero rodearme de gente que sepa tocar el corazón de las personas.
Si... tengo prisa... por vivir con la intensidad que solo la madurez puede dar. Pretendo no desperdiciar parte alguna de los dátiles que me quedan.
Estoy segura que serán mas exquisitos que los que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final rodeada de amigos y en paz con Dios...
Y la tuya, cuál es?




